domingo, 10 de octubre de 2010

Era una bonita tarde que,

para ella dejaba de serlo.

No sabía como decírselo, pero se atrevió a ello.

-Bonita tarde no crees-le dijo ella mirando como se desvanecía

la tarde para dar lugar a la noche.

- sí, como siempre-le respondió él con total naturalidad

-Aunque ya no disfruto viendo como se desvanece el sol-dijo

ella suspirando.

Él la miró sorprendido

-¿Qué quieres decir con eso ?-musitó él .

-Quizás busque otra cosa...que tu no me puedes dar-le respondió

ella mirándole directamente a los ojos.

Él le soltó la mano y la agarró de los hombros , y con un tono

irritante le respondió:

-¿Quieres dinero,coches,joyas,popularidad..? Sabes que eso te

lo puedo dar-le dijo él.

Ella sin poder evitarlo, rió para sus adentros

-¿No te das cuenta?-ella se despojó de la chaqueta de él y se la

tendió-No hace falta que compres y hagas nada mas por mí-dijo

ella finalmente.

-Te estas equivocando, sabes que yo te puedo dar lo que deseas

Ella giró sobre sus pasos

-Hay algo que ansías tener, y que aunque lo ocultes, en lo más

profundo de tu ser, lo extrañas.

-Yo puedo obtener y hacer cosas que muchos adoran y desean.

De los labios de ella surgió una diminuta sonrisa

-¿En serio ? entonces como muchos dicen estas ciego, tu

tienes cosas que muchos ansían si, pero ellos tienen algo

que pocos tienen y que nada podría valer mas ,ni siquiera tus

pertenencias.

-¿Y que es? -preguntó ya él intrigado

- ¿Sabes? en este tiempo me he dado cuenta que la atracción

fue lo que me unió a ti, el amor que sentí hacia ti se desvaneció

en tan poco tiempo..fue una pena.

-¿Porque? no puede ser, no me lo puedo creer...

-Pues empieza a creertelo, es hora de ello.

-Yo te he dado de todo..-musitó

-No, te equivocas, hay algo que como te dije, ansiamos tener

los dos, y yo a tu lado por mas que buscara no lo encontré.

Por eso he decidido irme de tus brazos, buscando lo que

deseo tener.

-¿Qué deseas tener ?

-Mi felicidad.

Y así depositando la frase en el aire y dejando que se la lleve

el viento, ella giró sobre sus pasos y atravesó el parque

sin mirar atrás ni una sola vez.

Él solo puede recordar aquella tarde a el alba

cuando ella a varios metros de distancia levantó su brazo

derecho y empezó a reír, dejando que sus risas sean las

últimas melodías de su música y viendo como

el último minuto del atardecer se llevaba lo que quedaba de su

sombra.

M.*


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